Había sido una larga semana en el colegio, la verdad no deseaba en lo mas mínimo irse a casa, sus hermanas cada día mucho más insoportable, quería estar un sola, que sus pensamientos fluyeran, la naturaleza le ayudaba mucho deleitándose con lo que esta le brindaba, estaba sentada en una de las sillas del mirador disfrutando de la maravillosa vista que le brindaba ese pequeño pedazo de paraíso, lo que más le agravaba es que casi nadie lo frecuentaba, así se fue perdiendo en sus pensamientos, comenzó a soñar, a dejar volar su imaginación construyendo un mundo de fantasías, el tan anhelado sueño de hadas en el que todo era feliz,EN EL QUE TODO ABSOLUTAMETE TODO ERA PERFECTO, de repente todo se nublo y empezó a recordar aquel trágico accidente, accidente que le arruino la vida, no dejándole heridas físicas, no esas heridas que duelen, pero ella tenia otra herida, una herida que le desgastaba el alma... pero aun después de todo lo agrádese, estar sola en cierto modo la ayudo a madurar, a enfrentar los problemas, a verle la cara a la cruda realidad, a ser realista, tener una clara visión de la vida o tal vez intentándolo hasta que un buen día Comprendió que “La vida es igual a una rosa, Que esta al igual que todas posee espinas, a la final terminan siendo óbstalos y eso le recuerda que tiene que encontrar la mejor forma para esquivarlos, y así… terminar su misión… la cual es cumplir su sueño.”
Se da cuenta del verdadero valor de la vida, Que no solo es ser un poco la madre si no mas bien la mártir Esta apunto de decidir si quedarse siendo la misma jade de siempre aquella niña sufrida o una nueva jade capaz de enfrentar a todo lo que se le coloque en frente a luchar por lo que se merecerse.
De pronto siente que alguien la despierta, era una voz conocida, al abrir sus ojos se encuentra con quien menos espera era martín, una extraña pero agradable sorpresa, sabia que necesitaba expresarle a alguien todo lo que llevaba dentro, los diarios la ayudaban pero no lo suficiente.
- ¿Hola? Soy yo, dijo Martín algo extrañado, De todas las personas del mundo Jade era la que menos esperaba encontrar.
- ¿Martín? Que haces por acá- dijo jade tratando de abrir lo ojos.
- Si, si soy yo, pero Dime ¿Qué haces por estos lados tan solos y tan tarde? - dijo martín acomodándose al lado de jade – ¿No temes perderte o encontrarte con alguien que pueda hacerte daño?
Sin darse Cuenta Jade había pasado toda la tarde en un estado Casi zombi, presa de sus propios pensamientos.
- No, no le temo a nada, se que tengo a mis padres que me cuidan aunque no estén cerca de mí.
- ¿Por qué están de viaje?- pregunto Martin curioso
- No, mis padres murieron hace ya un tiempo, para mi desgracia.
- De veras que lo siento mucho. – le dijo tomándole las manos y la vez acomodándole la cabeza a jade en sus piernas para que no se sintiera incomoda-
Empezó a hacerle mimos en su cabello eso realmente la reconfortaba, había logrado acostumbrarse a él, se sentía muy confiada y cómoda en su presencia a pesar de lo poco que se conocían, eso la trastornaba un poco
- Gracias… ¿sabes? Siempre es bueno tener el apoyo de las demás personas.
- Si, de veras que lo es.
- Y dime… ¿qué te trae por acá?
- Pues me gusta mucho la vista, me ayuda a relajarme y olvidarme de los problemas aunque sea un poco.
- Tienes razón - dijo martín este es uno de mis lugares favoritos, pero a diferencia tuya yo huyo de mis padres.
- ¿Por qué? Dijo jade sintiendo como martín jugaba haciendo rizos en su cabello.
- No me agrada hablar de eso, me atormenta un poco la vida. Dijo martín casi con un nudo en la garganta.
- Tranquilo martín en cierto modo te comprendo, pero bueno vamos a dejar nuestras tristezas y caminemos un poco ¿te parece?
- Es cierto que tenemos que regresar pronto, pero no importa nadie notara que no estamos donde debemos. O tú tienes problemas?
- No, nada que ver, yo en la casa donde duermo… y eso por que me toca… no soy nadie.
- Que mal, tampoco es para tanto, aunque tu por lo menos no eres nadie, en mi casa ignoran, nunca puedo hacer lo que me gusta mis padres quieren hacer conmigo su voluntad y créeme que eso no lo permito.
- Bueno dijo jade, ¿dónde iremos?
- Estoy casi seguro que hay una heladería cerca, ¿te gustaría ir?
- Suena delicioso, dijo jade pero tenemos que bajar.
- No, está cerca como a unas 5 cuadras.
- Listo entonces vamos, pedimos el helado y podemos regresar a sentarnos- dijo jade mientras caminaba tomada de la mano con martín
- Como quieras si te sientes a gusto sentada disfrutando de esta hermosa vista no hay ningún problema, disfruto mejor de tu compañía.
Jade creía que Martín no se había dando cuenta de lo ruborizada que estaba.
Llegando a la heladería, que por cierto estaban a punto de cerrar. Martín le ofreció a jade que probara de su helado, era un helado gigante de fresas con crema a jade le apasionaban las fresas por tal razón quedo gustosa al probar el helado, y martín la convenció de que pidiera uno igual para ella.
Luego regresaron a su lugar en las bancas del mirador donde jade había construido una vez más su sueño. Hablaron de todo un poco… Pero aun a si en el ambiente se percibía un poco de lujuria y pecaminosidad, Jade con cada palabra que le pronunciaba martín sentía como poco a poco sus pulsaciones iban aumentando, Martín se dio cuenta de que jade estaba nerviosa, sentía como subían las pulsaciones y ambos parecían encontrase en aquel mismo estado le pasaba lo mismo por la cabeza (o por lo menos eso creía Martín) pero ninguno se atrevía a dar el primer paso, de un momento a otro se fueron acercando mucho más, sus labios se encontraron, fue así su primer beso.
Jade se encontraba se idiotizada por el aliento de Martin eran tan delicado, tomo su rostro con una de sus y muy suave Martin fue acariciando su cabello pasando su mano para acomodar el cabello suelto de jade detrás de su oreja, sus labios se movían queriendo disfrutar hasta lo último de cada uno, una y otra vez a jade le embriaga el sabor a fresa de los labios de Martín, no sabía lo que estaba haciendo pero de lo que si estaba segura era de no querer separarse nunca de aquel niño que había sido capaz de hacerla sentir de aquel modo.